¿Cómo incorporar a los hijos a una empresa familiar? Donar, vender o transferir acciones

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Hay un momento bastante común en las empresas familiares.

El fundador lleva años construyendo el negocio. Los hijos crecieron, algunos ya trabajan en la empresa, participan en decisiones e incluso empiezan a asumir responsabilidades importantes.

Y aparece una pregunta que parece sencilla:

“Quiero incorporar a mis hijos a la propiedad de la empresa. ¿Cómo lo hago?”

¿Les vendo una parte? ¿Se las dono? ¿Les transfiero acciones? ¿Creo un holding? ¿Los incorporo de una vez o gradualmente?

La respuesta no está solamente en calcular qué alternativa paga menos impuestos.

Porque cuando incorporamos a un hijo a una empresa familiar estamos tomando, al mismo tiempo, una decisión empresarial, societaria, tributaria y patrimonial.

Y probablemente también una decisión familiar.

Partamos con un ejemplo

Imaginemos una empresa fundada hace 20 años.

El padre mantiene actualmente el 100% de la propiedad y uno de sus hijos lleva varios años trabajando en ella. El negocio ha crecido y hoy estimamos que la empresa vale aproximadamente $500 millones.

El fundador quiere que su hijo pase a tener un 20% de participación.

En términos económicos estamos hablando de aproximadamente $100 millones de patrimonio.

Hasta ahí parece bastante simple.

Pero inmediatamente aparecen varias alternativas.

1. Venderle una parte de la empresa

Una posibilidad es que el padre venda a su hijo acciones o derechos equivalentes al 20%.

Conceptualmente es bastante claro: existe una compraventa, se determina un precio y el hijo adquiere participación en la empresa.

Pero aparecen preguntas importantes.

¿El hijo tiene realmente los recursos para comprar? ¿Cuál es el valor de esas acciones? ¿Cómo se financiará la operación? ¿Qué efecto tributario tendrá para quien vende? ¿Existe una diferencia importante entre el costo tributario de la participación y su valor actual?

Y una pregunta todavía más básica:

¿Estamos frente a una venta real o solamente intentando darle apariencia de venta a una transferencia patrimonial?

La forma jurídica debería representar lo que efectivamente queremos hacer.

2. Donarle las acciones

Si la verdadera intención del padre es entregar parte de su patrimonio al hijo sin recibir un precio a cambio, probablemente estamos entrando al mundo de las donaciones.

Y aquí nuevamente el análisis no debería limitarse al impuesto.

Hay que determinar qué se está donando, cuánto vale, qué autorizaciones y formalidades corresponden, cuál será el impuesto aplicable y cómo queda distribuido el patrimonio familiar después de la operación.

Además, si existen otros hijos, aparece inevitablemente otra conversación:

¿Estamos incorporando a uno porque trabaja en la empresa o estamos adelantando parte de una futura herencia?

Parecen preguntas parecidas, pero no necesariamente son lo mismo.

Y confundirlas puede generar problemas mucho más grandes que el impuesto que intentábamos ahorrar.

3. Incorporarlo gradualmente

Existe también una tercera posibilidad que muchas veces merece ser analizada: no transferir inmediatamente una parte importante de la propiedad.

La incorporación puede diseñarse gradualmente.

Dependiendo de la estructura de la empresa y de los objetivos familiares, pueden analizarse aumentos de capital, reorganizaciones, incorporación progresiva a la propiedad u otras fórmulas que permitan separar dos momentos que muchas veces confundimos:

trabajar en la empresa y ser dueño de la empresa.

Un hijo puede convertirse en un ejecutivo tremendamente importante para el negocio sin que necesariamente tenga que recibir inmediatamente una participación relevante en el patrimonio familiar.

Y también puede ocurrir exactamente lo contrario.

Por eso conviene definir primero qué queremos lograr y después diseñar la estructura.

Entonces, ¿vendo, dono o reorganizo?

No existe una respuesta universal.

Si existe un precio real y capacidad económica para pagarlo, una compraventa puede tener sentido.

Si existe una verdadera intención de entregar patrimonio gratuitamente, probablemente corresponde analizar una donación.

Y si estamos iniciando un proceso de sucesión empresarial que ocurrirá durante varios años, quizás tenga más sentido diseñar una incorporación gradual.

Lo importante es evitar hacer primero la operación y preguntar después por sus consecuencias.

Porque una decisión que inicialmente parecía tan sencilla como “quiero darle el 20% de la empresa a mi hijo” puede terminar afectando impuestos, control societario, futuras herencias, relaciones entre hermanos y la propia continuidad del negocio.

¿Y dónde aparece el holding familiar?

Muchas veces aparece justamente en este punto.

Cuando una familia empieza a tener más de una empresa, inversiones, propiedades o distintos miembros participando en los negocios, la pregunta deja de ser solamente quién tendrá acciones de una sociedad.

Empieza a ser:

¿Cómo queremos organizar el patrimonio familiar completo?

Y ahí puede comenzar a tener sentido analizar una estructura superior que permita ordenar propiedad, inversiones, control y eventualmente una futura sucesión.

Pero ojo.

Tener dos empresas no significa automáticamente necesitar un holding.

Crear sociedades simplemente porque “tributariamente conviene” puede terminar agregando costos y complejidad sin solucionar ningún problema real.

Y justamente de eso hablaremos en nuestro próximo artículo:

Tengo dos empresas: ¿realmente necesito un holding?

 

Antes de mover las acciones, conversemos

Incorporar a los hijos a una empresa familiar puede ser una excelente forma de comenzar a preparar su continuidad.

Pero probablemente la transferencia de las acciones sea el último paso, no el primero.

Antes conviene entender cuánto vale la empresa, qué patrimonio existe alrededor, quién participa realmente del negocio, qué queremos que ocurra en el futuro y cuáles serán las consecuencias tributarias y societarias de cada alternativa.

Porque cuando empresa, familia y patrimonio empiezan a mezclarse, una buena estructura puede evitar muchos problemas después.

En mf.Asociados ayudamos a empresarios y familias a analizar estas decisiones integrando estrategia, finanzas e impuestos.

Si estás pensando en incorporar a tus hijos a la empresa o comenzar a ordenar tu patrimonio familiar, conversemos.

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