El gobierno del presidente José Antonio Kast presentó su primer gran proyecto económico: un paquete de más de 40 medidas bajo el concepto de “reconstrucción nacional y desarrollo económico”.
El anuncio no pasó desapercibido. Mientras se transmitía la cadena nacional, se escuchaban cacerolazos en distintos puntos de Santiago.
Más allá del contexto político, el contenido del proyecto vuelve a poner sobre la mesa un tema que en Chile lleva años sin resolverse del todo:
cómo diseñar un sistema tributario que no solo recaude o incentive, sino que también sea estable en el tiempo.
Qué propone el gobierno en materia tributaria
A diferencia de discusiones anteriores más difusas, esta propuesta sí tiene definiciones concretas —y varias de ellas apuntan directamente a rebajar carga tributaria e incentivar inversión.
Entre las principales medidas destacan:
1. Rebaja del Impuesto de Primera Categoría (IDPC)
Se propone bajar la tasa corporativa desde el actual 27% a un 23%, de forma gradual:
- 27% (2026)
- 25,5% (2027)
- 24% (2028)
- 23% (2029)
El objetivo es acercar a Chile al promedio OCDE y mejorar competitividad.
2. Reintegración del sistema tributario
Se plantea avanzar nuevamente hacia un sistema totalmente integrado, donde el impuesto pagado por la empresa pueda ser utilizado en un 100% como crédito por los socios.
La reintegración sería gradual, alcanzándose plenamente hacia el año tributario 2031.
En simple: se vuelve a una lógica conocida, donde se busca eliminar la diferencia entre rentas del capital y del trabajo.
3. Incentivos directos al empleo formal
Se crea un crédito tributario de hasta un 15% sobre remuneraciones, aplicable contra PPM, IVA e Impuesto de Primera Categoría.
Esto reduce directamente el costo de contratación para empresas, especialmente en tramos de renta media.
4. Medidas transitorias para activar la economía
Entre ellas:
- Exención de IVA por 12 meses en venta de viviendas nuevas
- Rebaja del 50% del impuesto a las donaciones (también por 12 meses)
- Sistema de repatriación de capitales con tasa preferente de 10% (o 7% con reinversión)
Son medidas diseñadas para generar liquidez e incentivar movimiento económico en el corto plazo.
Un giro claro… pero no necesariamente nuevo
Si uno mira el diseño general, el mensaje del gobierno es consistente:
- menor carga tributaria corporativa
- mayor integración
- incentivos a la inversión y al empleo
Es, en muchos sentidos, un retorno a una lógica pro-crecimiento más tradicional.
Pero también es imposible no notar algo:
esta no es la primera vez que Chile gira en esta dirección.
Lo que venimos viendo hace años
Desde hace más de una década, el sistema tributario chileno ha ido cambiando de forma constante:
- Se eliminó el FUT para evitar diferimientos indefinidos
- Se crearon nuevos registros y regímenes
- Se corrigieron diseños antes de que maduraran
- Se intentaron nuevas reformas que no prosperaron
- Se reforzó el foco en fiscalización y cumplimiento
Y ahora, nuevamente, se propone:
- bajar tasas
- reintegrar el sistema
- simplificar ciertos efectos
El problema no es cada medida en sí.
El problema es la suma de todas ellas en el tiempo.
El punto incómodo: no es solo cuánto se paga
En la discusión pública, es natural que el foco esté en si se bajan o suben los impuestos.
Pero en la práctica, hay algo que pesa igual —o más— para quienes toman decisiones todos los días:
la certeza.
Cuando el sistema cambia cada ciertos años:
- planificar se vuelve más difícil
- invertir implica asumir más riesgo regulatorio
- cumplir correctamente requiere cada vez más interpretación
- las reglas del juego dejan de ser completamente claras
Y eso tiene impacto real, más allá de cualquier tasa.
Reflexión final mf.Asociados
La propuesta del gobierno tiene elementos técnicamente relevantes y coherentes con un objetivo claro: reactivar la economía.
La rebaja del impuesto corporativo, la reintegración y los incentivos al empleo van en esa línea.
Pero hay una pregunta que sigue abierta —y que no depende solo de esta reforma:
¿vamos a lograr, por fin, un sistema tributario estable en el tiempo?
Porque si algo ha mostrado la experiencia reciente, es que Chile no tiene un problema de ideas.
Tiene un problema de continuidad.
Y mientras esa continuidad no exista, cada nueva reforma —por bien diseñada que esté— corre el riesgo de transformarse en una etapa más de un sistema que todavía no logra consolidarse.